Por qué es importante enseñar a los niños una cultura de no desperdicio

Bote de basura
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Por qué es importante enseñar a los niños una cultura de no desperdicio

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Los niños son en verdad el futuro de la humanidad. Sus habilidades de aprendizaje, comprensión, empatía, y sus actitudes positivas, honestas y de compañerismo, los convierten en pieza clave en la solución de problemas. A lo que nos referimos es que, educándolos desde edades tempranas en diversas áreas de la ciencia, el arte, la sensibilidad humana, pueden llegar a plantearse cuestiones de la vida que actualmente presentan problemas graves. Es por ello que en esta ocasión queremos platicarte sobre la importancia de enseñar a los niños a discriminar la basura en los contenedores de plástico y cómo inculcar en ellos una cultura de no desperdicio.

Actualmente, la cantidad de basura que se produce en el mundo rebasa los 10,000 millones de toneladas. En México, esto es una cifra alrededor de los 90,000 toneladas. Quizá el número no te parezca asombroso, porque es demasiado que uno no puede siquiera llegar a concebir la magnitud de este problema. Imagina a los pequeños, que tampoco tienen la noción de lo que esto significa. Sin embargo, se puede explicar que en términos sencillos, una persona promedio produce 1.2 kilogramos de desechos inútiles, por día. Quizás así se sientan más motivados a no tirar la envoltura de su paleta al suelo.

Hablando más en serio, resulta a veces difícil crear consciencia en las personas. ¡Imagina ahora con los niños! Los niños son fácilmente impresionables, pero no por ello debemos abusar de su confianza, de su capacidad de razonamiento o de su innata ingenuidad. Al contrario, apelar a su razonamiento, incitar al desarrollo de su lógica es lo que se debe hacer.

Los siguientes consejos tienen como objetivo enseñar a los niños una cultura de no desperdicio. Ponlos en práctica con ellos y quizás en algunos años, los desechos inútiles que se producen se hayan reducido significativamente (pensando que esta cultura de no desperdicio se extiende a todo el país, o al menos, a la sociedad inmediata del alrededor):

Predica con el ejemplo. Un niño es más listo de lo que piensas. Puede ser incluso más listo que tú, pero menos experimentado. Si él o ella no te ve llevando a cabo lo que le dices que haga, entonces no lo hará. Se cuestionará cualquier cosa que le enseñes. Y no queremos eso ¿cierto?

Entonces establece siempre el ejemplo desde ti mismo. Si tú no te preocupas por limpiar, tus niños no limpiarán, si tú fumas, ellos indudablemente fumarán en algún momento de su vida. De hecho, entre más acciones te vean realizar a lo largo de su niñez y adolescencia, más normales le parecerán.

No importa cuántas veces le repitas lo mismo, si tú no lo llevas a cabo, ellos también lo omitirán. No importa cuántas veces le digan en la escuela lo que debe hacer, si en su casa no lo hace, no lo hará en ninguna otra parte. Y lo que necesitamos desde ya es que los pequeños vayan cambiando las malas prácticas que nosotros los adultos estamos desarrollando, para enmendar errores que si bien no le correponden a ellos, sí les afectarán en un futuro.

Establece tareas sencillas pero importantes. Muchas veces los padres, maestros y encargados de los infantes no piden responsabilidades a cumplir, a sus pequeños. ¿Por qué? Su capacidad, tanto mental como física, se encuentran en el más alto grado. Son tan capaces, sino es que más capaces aún, que nosotros los adultos.

Establece pues sencillas tareas que se puedan convertir en hábitos (un hábito se adquiere después de dos meses de ponerlo en práctica regularmente), como sacar la basura de su habitación cada tercer día o regar las plantas todos los días con un bote pequeño (no con una manguera, que desperdicia mucha agua), o bien, dividir la basura que cada miembro de la familia produce, discriminando en contenedores de plástico los desechos orgánicos y los inorgánicos.

Utiliza muestras reales. Si es necesario, para crear un impacto aún más fuerte, lleva a tus niños a parques o lagos que estén sucios. A veces, estas imágenes se quedan en la memoria por muchísimo tiempo y crea una mayor influencia en ellos. Si tienes la oportunidad, atrévete a limpiar el lugar con la ayuda de tu hijo. Recuerda llevar bolsas de plástico, botas, guantes, tapabocas, incluso un recogedor y una escoba.

No lo dejes solo en ningún momento y siempre asesóralo con los hallazgos que encuentre. Asegúrate de que no sea un sitio cercano a elementos tóxicos. Un simple parque puede ser el objetivo. Explica las posibles razones de que el sitio se encuentre en tal estado, analicen de qué tipo de desperdicio se trata. Si al niño le ha gustado la actividad, pueden repetirla en otra ocasión o bien, invitar a más chicos para que se sumen a la iniciativa.

Pues bien, esperamos que este artículo te haya sido de extrema ayuda. A veces olvidamos a las generaciones de bellos humanos que vienen detrás de nosotros y no nos preocupamos por dejarles un mundo mejor. Sin embargo, aún estamos a tiempo. No sólo para reducir nuestros desechos sino para enseñar las prácticas mejores para evitar nuestros errores.

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